Ruta artística por Santillana del Mar
En una visita a Santillana del Mar es obligado empezar o acabar en el Museo Altamira, junto a la cueva original del mismo nombre.

montañesa.
Situado a escasos 2 kilómetros del centro de la villa, Altamira es uno de los museos más importantes de Europa sobre el Paleolítico Superior.
Además, integra la Neocueva de Altamira, una reproducción exacta de la cueva original.
En el camino hacia la villa, la ruta se detiene en el Zoo, un recinto que está catalogado como uno de los mejores de España y en el que habitan más de 2.000 animales que provienen de los cinco continentes.
Siguiendo la carretera se ven ya las primeras casas de la villa. La primera parada es en el Museo Diocesano Regina Coeli y el convento de las Clarisas, una construcción de finales del siglo XVI. Cruzando la carretera se llega a casco urbano por la calle de Santo Domingo. En ella se ubican a ambos lados el Palacio de Peredo-Barreda, sede del Museo Caja Cantabria, y la Casa de los Villa.
Un poco más adelante, la calle se bifurca. El ramal de la izquierda es la calle Juan Infante, flanqueada por pequeñas viviendas de balconadas llenas de flores, que desemboca en la plaza mayor, uno de los rincones más representativos de la villa. En ella hay que detenerse en las Casas del Águila y la Parra, delante de las que se levanta la estatua del bisonte de Altamira.
En frente de ambas se encuentra el Parador Gil Blas que ocupa una vieja casa que pertenecía a la familia de los Barreda. A pocos metros se encuentra el ayuntamiento, un edificio con una gran balconada de hierro y sobre un soportal con armaduras. Muy cerca, presidiendo la plaza, está la Torre de Don Borja, actualmente sede de la Fundación Santillana.

La ruta toma dirección hacia la izquierda y pasa ante la puerta de la Torre del Merino, construcción de carácter defensivo que sirvió de vivienda a los merinos mayores de las Asturias de Santillana, continua por una estrecha rúa que desemboca en la confluencia de las calles Carrera y Cantón. En la primera se levanta la Torre de Velarde del siglo XV.
Tomando la dirección hacia la colegiata por la calle Cantón, la ruta pasa ante el Palacio de Valdivieso del siglo XVIII, hoy un hotel. A ambos lados de esta calle, una de las más concurridas de la villa, se levantan muchas viviendas típicas del pueblo hasta llegar hasta la que fue casa de Leonor de la Vega, madre del Marqués de Santillana de finales del siglo XV. Junto a ella está la Casa de "Los Hombrones" y muy cerca las casas de los Cossío y los Quevedo, del siglo XVIII, y frente a ellas la Casa de los Abades.
De frente se levanta la gran colegiata románica de Santa Juliana, una visita inexcusable, tanto al interior de la iglesia como a su claustro. Tras ella se encuentran la Plaza de las Arenas y el Palacio de los Velarde.


El Pantocrátor y los apóstoles coronan la portada románica, y sobre ellos la imagen de Santal Juliana en una hornacina barroca.

A la derecha de la portada se alza la antigua torre de campanas, similar a la de Frómista (Palencia).

La portada románica con arquivoltas sobre capiteles figurados muy toscos y erosionados, une el templo con el atrio (antiguo cementerio), cuyos leones fueron tallados por un artista local en el siglo XVI.

Su importancia a nivel nacional radica en que su escultura muestra una síntesis de la iconografía románica: temas de procedencia oriental, animales fantásticos, temas bíblicos, profanos, entrelazos geométricos árabes y normandos y simbología vegetal.

Los valiosos capiteles románicos del claustro muestran motivos decorativos, figurados, geométricos y vegetales, destacando los temas bíblicos junto a temas profanos o alegóricos.

Realizado a principios del siglo XVI dentro de la corriente gótica hispano-flamenca, muestra escenas del martirio de Santa Juliana y de la vida de Cristo. La patrona se venera en la hornacina central sobre la arqueta de las reliquias.
