El municipio de Santillana del Mar ha estado poblado desde la Prehistoria, tal y como atestigua la Cueva de Altamira. El entorno de Santillana proporcionó al hombre de hace más de 15.000 años las condiciones óptimas de vivienda, caza y pesca para desarrollar su vida cotidiana, además de procurar los medios para el desarrollo artístico plasmado en las paredes de la gruta más conocida internacionalmente.
Esta presencia humana en el municipio ha ido dejando vestigios a lo largo de la historia. Así, se han hallando restos cerámicos y de lápidas en el municipio testimonian el paso de los romanos por estas tierras.
Sin embargo es con la llegada de la Alta Edad Media cuando se inicia el desarrollo de la villa de Santillana.
Entre los siglos VIII y IX se asienta en Santillana una pequeña comunidad religiosa y fundan un monasterio en el que se guardan las reliquias de Santa Juliana de Bitinia (Santa Illana), a la que se dedicó el edificio, que fue el que dio el nombre a la villa en el siglo XII.
Este monasterio llegó a ostentar un importante poder económico y la villa, por la que transitaba el Camino de Santiago por la costa, se consolidó como núcleo de importancia.
En el siglo XIII Santillana se convierte en la capital de la Merindad de las Asturias de Santillana y en sede permanente del merino. Las familias nobles de la villa van aumentando su poder, hasta que en el siglo XV Santillana se convierte en marquesado bajo el dominio de la Casa de los Mendoza, uno de cuyos representantes fue Iñigo de Mendoza, Marqués de Santillana.
Esta privilegiada posición monacal y nobiliaria otorgó a Santillana un rico patrimonio artístico con importantísimos ejemplos de arquitectura religiosa y civil.
Patrimonio artístico
Esta villa medieval de empedradas calles está calificada como Conjunto Histórico Artístico.
La villa se estructura en torno a varios centros de funciones muy definidas. La Plaza de las Arenas presidida por la Colegiata; la Plaza de Ramón Pelayo, que fue originalmente la plaza del Mercado presidida por las Torres del Merino y de Don Borja, así como la Casa Consistorial y el área de los conventos de Regina Coeli y de San Ildefonso.
Santillana cuenta con un patrimonio arquitectónico extraordinario. Dentro de la arquitectura religiosa destaca la Colegiata de Santa Juliana, en torno a la que se desarrolló la villa. Hacia los siglos VIII y IX se fundó un primer monasterio que acogió las reliquias de Santa Juliana, de donde deriva el nombre de Santillana. Sobre el siglo XI el monasterio se convirtió en colegiata y durante siglos, los distintos linajes de la villa contribuyeron a engrandecerla.
Por lo que se refiere a la arquitectura civil destacan edificios como la Torre de Don Borja, la torre del Merino o el palacio de los Velarde, ambos del siglo XV. Junto a ellos otras construcciones como la Casa-Palacio de Peredo-Barreda, la de los Villa o la de los Bustamante, todas del XVIII. Algunos de ellos actualmente acogen instituciones de carácter cultural como el Museo Diocesano, la Casa Museo del escultor Jesús Otero, la Fundación Santillana, el Museo de Caja Cantabria o las Casas del Aguila y la Parra que son salas de exposiciones.
Arquitectura medieval
La mejor representante de la arquitectura románica religiosa de Santillana del Mar es la Colegiata de Santa Juliana. Este edificio románico, símbolo del poder monacal, sufrió añadidos en los siglos XVI, XVII y XVIII, correspondientes a los estilos renacentista y barroco, concretamente se construyeron la loggia y el frontón sobre la portada meridional, la sacristía y la Casa del Abad. Destacan además en la Colegiata los capiteles del claustro, entre los mejores ejemplos escultóricos del románico cántabro, los tres relieves policromados que representan un Pantócrator, una Virgen sedente con el Niño y Santa Juliana dominando al demonio.
En el interior del templo se conservan destacadas pinturas y esculturas, como el sepulcro de Doña Fronilde del siglo XII, la estatua yacente del sepulcro de Santa Juliana del siglo XV, una imagen hispanoflamenca de Santa Juliana, un Cristo de la escuela castellana del siglo XVII y el adornado frontal sobre el altar mayor, realizado en plata repujada procedente de México y regalo de Luis Sánchez de Tagle. Junto a ellos una pieza única, el retablo mayor de Santa Juliana de corte barroco y con pinturas renacentistas de influencia flamenca e italiana.
Otros edificios medievales son las Torres del Merino de Don Borja. Son torres militares góticas. La primera de ellas, la del Merino, perteneció la familia Barreda, varios de cuyos miembros fueron merinos mayores de las Asturias de Santillana. La Torre de Don Borja, sede actual de la Fundación Santillana, se construyó en el siglo XV y originalmente también perteneció a la familia Barreda.
También a esta época pertenecen la Casa de Leonor de la Vega, madre del primer Marqués de Santillana, y el Palacio de las Arenas o casa de los Velarde, fundada por Pedro de Velarde y Villa, prior de la Colegiata, canónigo de Palencia y comisario general de la Santa Cruzada. Esta última está considerada como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura renacentista en Cantabria.
Arquitectura Barroca
La importancia de Santillana como centro religioso se consolida en el siglo XVII cuando se instalan en la villa la congregación de los dominicos. Estos se instalan fuera del núcleo urbano bajo la protección del Duque del Infantado y construyen en el Campo de Revolgo en 1628 el Convento de Regina Coeli, actual sede del Museo Diocesano. El edificio se corresponde con un barroco temprano, caracterizado por una sobriedad clásica. Especialmente notable es su claustro, que constituye el elemento más importante del edificio desde el punto de vista artístico.
Por la misma época se construye el convento barroco de las dominicas de San Ildefonso.
A finales del siglo XVII empieza a entrar en Santillana del Mar capital procedente de América. A partir de ese momento se construyeron en la villa numerosas casonas, con una arquitectura propia de los palacios y casonas montañeses. De esta época son, entre otras, las casas de los Villa y de los Bustamante, ambas con balcones de púlpito y cornisas acodilladas. También son del mismo tiempo las casas de Cosío y Quevedo, que presentan magníficos escudos. En concreto la de Cosío, también llamada del Patín construida por José de Cosío Barreda, Oidor en el Consejo de Indias, que justificaría la presencia en la fachada del dios azteca de la lluvia.
La Casa de los Hombrones es uno de los mejores ejemplos de esta época artística. Construida a finales del siglo XVII presenta un espectacular escudo barroco escoltado por dos soldados tenantes.
Finalmente, destacar la Casa-palacio del Marqués de Benemejís o Palacio de Peredo-Barreda, actualmente sede del Museo Caja Cantabria, y que en su interior alberga una biblioteca con incunables manuscritos y pinturas neoclásicas.
Otros edificios muy notables de la villa son la Casa de los Tagle, en el Campo de Revolgo, la Casa Consistorial que actualmente acoge al ayuntamiento del municipio, la Casa Valdivielso que en la actualidad es un establecimiento hostelero, la Casa de los Barreda-Bracho, hoy Parador Nacional de Gil Blas o las Casas del Águila y la Parra, propiedad hoy el gobierno de Cantabria y dedicada a exposiciones.